viernes, 9 de abril de 2010

Que importante es dar Las Gracias.




Gracia es una palabra cuyos orígenes latinos significan “encanto, don”. Así, podemos entender la gratitud como la capacidad de reconocer los dones que existen en nuestra vida: la salud, la inteligencia, la capacidad para mostrar amor, la sensibilidad ante la belleza en sus diferentes formas, el trato amable de nuestros seres queridos. Ahora bien, la gratitud, como un valor, consiste en una forma profunda de creer que –a pesar de las complicaciones de nuestras circunstancias externas-, podemos reconocer elementos valiosos en nuestro día a día. El aprender a focalizar la atención en cosas buenas, justas y esperanzadoras puede devolvernos la motivación para aprovechar el don de la vida. El apreciar los sacrificios que compañeros, familiares y amigos hacen por nosotros nos permite tener relaciones más saludables y recíprocas.

La gratitud puede desarrollarse o atrofiarse. Aunque nuestra gratitud sea muy mecánica –si ésta consiste únicamente en pronunciar la palabra “gracias” cada vez que la urbanidad lo amerite-, es posible que la convirtamos en una costumbre sin mayor significado personal. ¿Realmente apreciamos el servicio de los funcionarios que, cotidianamente, interactúan con nosotros? ¿Nos percatamos de los pequeños gestos que tienen los miembros de nuestra familia, para que podamos avanzar con el día a día? ¿Nos hemos tomamos un minuto para identificar el lado positivo de las cosas cuando atravesamos momentos difíciles? Por ejemplo, cuando tenemos frío, pensar: “por lo menos tengo un abrigo”, o cuando perdemos algún bien material, decir: “bueno, al menos conservo la salud”. Ese sería un buen comienzo.

Ahora bien, es posible que algunas veces expresemos gratitud únicamente como un paliativo para sobrellevar circunstancias que no nos gustan. Es posible caer en el agradecimiento esporádico, como un disfraz de nuestra actitud de descontento y pesimismo. Por ejemplo, una persona que diga: “Por lo menos tengo un amigo”, aunque por lo bajo prosiga: “… pero sería mucho mejor si tuviera cinco”. Se anteceden los dones de la vida con un “por lo menos…” Aunque es mejor mantener una gratitud de sobre vivencia- como la que se acaba de describir- que hundirse en el pesimismo, podríamos perder la facultad de identificar oportunidades para renovar nuestra mente, tomar decisiones concretas para vivir mejor y abrirnos a la esperanza.

La gratitud es un importante punto de partida en la búsqueda humana del significado. La capacidad de responder con un “¡gracias!” genuino y valiente puede pulirnos como seres humanos. Nos ayuda a ponernos en los zapatos de la otra persona, quien se ha desviado de su camino para brindarnos su ayuda. Podríamos decir, jocosamente, que la gratitud implica buena memoria: significa saber que no hemos llegado a donde estamos “a solas”, sino que es gracias al apoyo y a la influencia de diferentes personas, que podemos realizarnos, crecer y madurar. No obstante, muy pocos de nosotros volvemos sobre nuestros pasos para expresarles nuestro agradecimiento.

Muchas personas han dado testimonio de salir de depresiones profundas porque, -con ayuda profesional y el afecto de otros- encontraron elementos en sus vidas que les dieron sentido y esperanza. Otras personas logran vencer su pesimismo del día a día cuando recuperan la “capacidad de asombro” en las cosas cotidianas que les permiten reír o encontrar algunos segundos de tranquilidad y reflexión. Muchos de nosotros hemos superado la mala costumbre de quejarnos cuando rescatamos, con agradecimiento y humildad, los elementos valiosos de las situaciones difíciles.

La gratitud nos permite tener relaciones sociales más cordiales, afianzar nuestros vínculos familiares por medio del reconocimiento de la solidaridad del otro, y mantener un estado de ánimo que nos permita enfrentar de forma más saludable las dificultades de la vida cotidiana. También nos permite enfocar la mirada en Dios, de quien vienen todas las cosas.

El ser agradecidos no debería limitarse a ser una cereza que corone el pastel de lo emotivo; en las épocas de dolor, ser agradecidos es buen remedio. En las épocas de alegría, es el deleite que nos motiva a celebrar. Significa marcar un contraste en un mundo que se centra en exigencias y demandas. La gratitud nos enseña a apreciar y a reconocer, poco a poco, las cosas invaluables de la existencia: la dignidad, el amor, la justicia.

Viktor Frankl decía que los mediocres e indiferentes veían la vida “como una visita al dentista. Se piensa que siempre lo peor está por venir, cuando en realidad ya ha pasado.” La ingratitud tiene una relación interesante con la mediocridad: ambas consisten en dejar que la belleza pase sin admirarla; permitiendo que el amor se quede en buenas intenciones, pero seco y marchito por la falta de actos. Y pasamos por el mundo sin apegarnos a nada. En palabras de Hellen Keller, “lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos”. Algunas personas piensan que la gratitud es equivalente al conformismo. Al contrario: reconocer los dones a nuestro alrededor nos permite afinar el sentido de justicia, nos intensifica la sed de una historia más plena, nos motiva a amar con entrega … disfrutando, en el presente, el don que nos permitió abrir los ojos hoy.

Tomado de la Web.