viernes, 24 de septiembre de 2010

Sana a tu Niño Interior y cambia tu vida.

Ahora que estamos aclarando las emociones y todo lo que refleja nuestra personalidad, he encontrado algo donde lo explica la terapeuta Esther Morales y podemos aprender mas a cerca de este tema que nos puede ayudar a dar un cambio en nuestras vidas.

¿Sabías que dentro tuyo vive un niño o niña?, no importa la edad que tengas ahora, porque en zonas profundas de tu ser, habita un(a) niño(a) y su estado psicológico determina emociones o sentimientos predominantes, formas de reaccionar, importantes rasgos de tu personalidad y muchas experiencias que estás viviendo o atrayendo, a tu vida de adulto.

Desde que estamos en el vientre de nuestra madre, en una profunda conexión vital con ella, nuestro cerebro está almacenando impresiones emocionales y afectivas que se guardan en un cerebro emocional o límbico. En el momento del parto se produce nuestro primer shock emocional, por la salida a un mundo extraño y amenazante, muy diferente a aquel tibio acuático y protegido, donde habitamos por nueve meses.

Hasta los seis años de vida, que es cuando comienza nuestro proceso de escolarización y el desarrollo del hemisferio izquierdo del cerebro, correspondiente a la parte lógica, hemos estado usando predominantemente nuestra captación intuitiva de los estados emocionales y afectivos de los padres, hermanos y las personas más cercanas.

En la primera parte de nuestra vida, el cerebro madura velozmente, almacenamos millones de impresiones sensoriales en la memoria cerebral y corporal, aprendemos dos cosas fundamentales como hablar y caminar, adquirimos hábitos, definimos nuestro yo personal e identidad, sabemos lo que nos gusta o desagrada, nuestra presencia produce un efecto en nuestra familia o Jardín Infantil, viajamos, nos relacionamos con gente de diferentes edades, sin embargo somos profundamente inocentes y vulnerables, frente a cualquier experiencia marcadora y negativa.

Cualquier situación que afecte fuertemente a un niño, de aparición brusca, que no se está capacitado para comprender, y que provoque un impacto emocional intenso, es considerada un trauma. Estas experiencias no se recuerdan conscientemente, porque quedan reprimidas en la memoria del inconsciente, como una forma de evitar dolor y sufrimiento, sin embargo el bloqueo energético que producen, persiste en nosotros para siempre, afectando nuestra vida adulta.

Situaciones de trauma pueden ser : violencia contra nosotros o contra seres que amamos, abuso sexual, muerte de alguien cercano, abandono de alguno de los padres, un accidente, hospitalización, etc. Sin embargo no siempre un trauma es provocado por una situación grave, sino por eventos que afectan directamente la sensibilidad de ese niño pequeño, y son permanentes en el tiempo, como el maltrato verbal de los padres, un profesor, burlas de los compañeros de Colegio, viaje de alguno de los padres, ciertos castigos, que sin ser hechos realmente graves, afectan la sensibilidad infantil, cuando no se tiene la capacidad cognitiva para entenderlos o defenderse adecuadamente.

Nuestro niño interno está conformado y definido por el ser esencial, la personalidad o construcción social, todos los aspectos positivos y gratificantes que nos ha tocado vivir, pero también por nuestros traumas, que pueden ocurrir desde el periodo de gestación.

Como terapeuta, he realizado la experiencia de pedir a pacientes mujeres fuertemente depresivas, que pregunten a sus madres como fue su periodo de embarazo o el parto, y casi todas ellas recibieron confesiones en cuanto a no ser deseadas, por diferentes motivos como: embarazarse soltera, desaveniencias con la pareja, problemas de salud, económicos, estados de angustia, ansiedad o depresión, llegando en algunos pocos casos, incluso a contarles que intentaron abortarlas, sin conseguirlo. Asimismo, he visto que partos largos con anoxia y sufrimiento fetal, especialmente porque el bebé viene con circular al cuello, provocan posteriormente dificultades respiratorias, asma e incluso el rechazo a usar cuellos altos en la ropa.

El niño interno tiene una parte sana y una parte herida, la parte sana aparece cuando estamos despreocupados, alegres, actuamos en forma espontánea, decimos lo que pensamos, damos y recibimos cariño físico, nos damos gustos, estamos presentes en el ahora, conscientes de lo que somos,

El niño interno herido es quien aparece cuando actuamos de manera infantil, inmadura, irracional, cuando nos sentimos superados por el miedo, la rabia, la pena o el dolor y actuamos en forma desproporcionada al estímulo, cuando el maltrato, el desamor o el abandono de otros, nos hace sentir muy dañados y en general ante cualquier situación adversa, en que somos incapaces de ver lo que ocurre en forma objetiva y/o decidir con racionalidad adulta.

La terapia de hipnosis es una de las mejores técnicas que existen para sanar los traumas, ya que permite retroceder en el tiempo, conocer la situación que nos traumó y desbloquearla, generalmente a través de una catarsis, que libera la energía bloqueada. La persona posteriormente puede recordar el hecho traumatizante, pero en forma serena y sus efectos negativos desaparecen de la vida adulta.

EJERCICIO SUGERIDO :

En un lugar tranquilo, sentado o acostado, respira profunda y rítmicamente con tu vientre, relájate, deja que los pensamientos pasen, siente tu cuerpo, cada parte de él, lentamente serás invadido por una sensación de paz y descanso.

Busca en tus memorias a tu niño o niña interna, observa en qué lugar se encuentra, qué edad tiene, como viste, cual es la situación que está viviendo, como se siente.

Concéntrate en tu corazón, libera lo que estás sintiendo, si lloras, eso te alivia y descarga.

Ingresa a la escena, en tu forma de adulto y comienza a acercarte al niño o niña, permite que ocurran cosas entre ambos, como mirase, conversar, algún contacto físico. Si puedes toma al niño (a) en brazos, dile “ahora no estás solo(a), voy a cuidarte, nada ni nadie volverá a hacerte daño, estaremos siempre juntos, tú también me enseñarás cosas y nos sanaremos mutuamente y seremos más felices”.

Reparte por todo tu cuerpo, la sensación sanadora que está ocurriendo dentro tuyo, agradece a tu sanador interno por esta experiencia. Cruza tus manos en el pecho, vuelve a respirar profundo y repite tres veces con fuerza y convicción “ Yo soy ……. (dí tu nombre), mi niño(a) y yo estamos integrados(as) y sanos(as) ”.

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